BENDITA SEA TU PUREZA Y ETERNAMENTE LO SEA PUES TODO UN DIOS SE RECREA EN TAN GRACIOSA BELLEZA, A TI CELESTIAL PRINCESA DULCE SAGRADA MARÍA YO TE OFREZCO EN ESTE DIA ALMA, VIDA Y CORAZÓN,NO ME DEJES SIN TU AMOR TEN PIEDAD OH MADRE MIA Y DAME TU BENDICIÓN
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martes, 23 de enero de 2018

¿Menor esfuerzo?




A veces buscamos hacer el menor esfuerzo en nuestra vida en las cosas de todos los días. Pero cuenta una historia de un ermitaño que tenía su celda a unas leguas de la capilla y penosamente debía ir todas las semanas caminando desde tan lejos a la capilla. Entonces decidió construirse su ermita más cerca de la capilla. Mientras iba caminando desde tan lejos y pensando en esta idea suya, escuchaba que una voz contaba sus pasos. Preguntó a la voz quién era, y la voz respondió que era un ángel de Dios que contaba los pasos que cada día hacía él para llegar desde la ermita hasta la capilla, para premiárselos en el Cielo. Entonces el ermitaño comprendió y decidió construirse su ermita mucho más lejos de la capilla.
A nosotros también a veces nos parece que nuestros esfuerzos son inútiles, que nadie ve todo el empeño que ponemos en hacer cosas que quizás nadie nota ni agradece. Pero el Cielo ve cada paso nuestro, cada trabajo, cada suspiro, lágrima y gota de sudor que tenemos por hacer el bien, por ser serviciales, por agradar a Dios y socorrer a los hombres, para premiárnoslo en el Cielo. Pero ya muchas veces somos premiados también aquí en la tierra, y luego en el más allá será el gran, desmesurado premio por nuestro esfuerzo.
Así que perseveremos con constancia en hacer el bien, aunque nos cueste un gran esfuerzo, porque el premio es para siempre, y Dios no deja que ni una lágrima nuestra, ni un suspiro de cansancio sea en balde, sino que lleva cuenta de cada uno de ellos para darnos un premio que ni ojo vio, ni oído oyó, ni vino a la mente del hombre la gran felicidad que Dios tiene preparada para quienes le sirven y ayudan a sus hermanos.
Para un cristiano la ley del menor esfuerzo no siempre es la más beneficiosa, puesto que Dios premia el esfuerzo, como veíamos en la historia del ermitaño.

sábado, 20 de enero de 2018

¿QUÉ ES EL PURGATORIO?




Muchos católicos no saben bien qué es eso tan misterioso que llamamos Purgatorio, porque lo hemos escuchado de pequeños en la catequesis, en casa, en algunas oraciones, etc.


Respondiendo en pocas palabras, el Purgatorio es el estado en el que van todas las almas, que, aún muriendo en gracia de Dios, no han llegado en su vida a purificar el daño que han ocasionado con sus pecados.

Pero... ¿De qué hay que “purgarse”? ¿No se supone que se nos perdonan todos los pecados en la confesión?

Con la confesión quedan perdonados nuestros pecados y quedamos libres del castigo eterno que nos merecíamos. Pero la confesión no repara el daño que hemos ocasionado. Ése, debemos repararlo nosotros con nuestras buenas obras o con nuestro sacrificio.

Entenderlo es tan fácil como pensar que rompimos un vidrio de la casa del vecino. Corremos a su casa y le pedimos perdón. Nuestro vecino nos perdona de todo corazón y seguimos siendo tan amigos como antes. Pero... ¡el vidrio sigue igual de roto!

Los que aún estamos vivos, podemos reparar el daño que hemos ocasionado con los grandes medios que nos ofrece la Santa Madre Iglesia como los sacramentos, la oración diaria a Dios, las obras de misericordia, la predicación de la Palabra de Dios, las indulgencias plenarias, la vida de caridad y de santidad.



El otro modo, que es la forma menos recomendable para reparar la pena temporal, es pasar por el Purgatorio.


Cuentan de santos que han tenido la visión del Purgatorio que hubiesen preferido sufrir lo más terrible de esta vida por mil años, que estar un solo día en el Purgatorio. Allí se va para una purificación en profundidad, una limpieza que cuesta grandes pesares y malestares, pero necesaria para nuestra buena salud.



El purgatorio existe, debe existir porque nadie entra a las Bodas del Reino de los Cielos con la piel y la ropa llena de mugre. Es necesario entrar con el mejor vestido. Y en donde se nos lava hasta el punto de quedar dignos para el paraíso y con el traje adecuado, es en el Purgatorio. Nadie nos obligó a ensuciarnos, lo hicimos por libre disposición. Pero si queremos ser buenos invitados, no se nos ocurrirá entrar indignamente presentados, desearemos estar limpios, muy limpios, como se merece el Esposo de las Bodas.


El Purgatorio, por tanto, existe y es más que un lugar, es un estado de purificación, con un fuego que nos arrancará nuestros errores de raíz y los disolverá en su fuego, con el dolor de los que se sanan de una herida.


No es para nada igual que el Infierno, pues en el Infierno reinan el odio y la desesperación eterna y en el Purgatorio reinan el amor y la esperanza, la firme convicción de la salvación eterna. Todo allí será sufrir pero sólo para lograr amar verdaderamente al Señor que nos esperará con los brazos abiertos en su eterno Convite Celestial.

jueves, 18 de enero de 2018

Algunas caídas.


No estamos en el Cielo sino en la tierra, y como mortales que somos, es lógico que tengamos algunas caídas, pecados que cometemos de vez en cuando o muy seguido.
Pero a no desanimarnos pues el Señor no ha venido para los justos sino para los pecadores, para nosotros; y debemos recordar que si bien no hay que pecar jamás, también es cierto que las caídas que solemos tener nos ayudan a mantenernos humildes, a darnos cuenta de que somos de barro y débiles.
Es justamente en la debilidad donde debe triunfar la fortaleza de Dios, y nunca debemos quedarnos caídos, sino levantarnos pidiendo perdón a Dios con un acto de sincera contrición con el firme propósito de confesarnos cuanto antes con un sacerdote.
Entonces, si hacemos así, nada nos detendrá en el camino del bien, porque hasta las mismas caídas nos servirán para tomar impulso y ser mejores en adelante, al menos seremos más humildes, y nos tendremos por pecadores y no estaremos ensoberbecidos de creernos justos.
No hay que pecar jamás. Pero si caemos en pecado, esto nos debe servir para ascender, reconociendo que somos nada y que es propio de nuestra naturaleza el pecar, y de Dios el perdonar.
¡Cuánto aprecia Dios un acto de humildad del pecador que se arrepiente! ¿No ha dicho el Señor acaso en su Evangelio que en el Cielo hay más alegría por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse?
Pues bien, después de haber pecado no cometamos el error funesto de alejarnos de Dios, sino corramos a Él, con lágrimas en el corazón pidiéndole que tenga compasión de nosotros, de nuestra debilidad. Y seguramente Dios nos abrirá las puertas de su Misericordia y habrá gran fiesta en el Cielo por un pecador que vuelve al camino de la gracia.

domingo, 14 de enero de 2018

ORACIÓN POR UN ENFERMO



ORACIÓN POR UN ENFERMO


Señor Jesús, aquel (aquella) a quien amas está enfermo (a).


Tú lo puedes todo; te pido humildemente que le devuelvas la salud.


Pero, sin son otros tus designios, te pido le concedas


la gracia de sobrellevar cristianamente su enfermedad.


En los caminos de Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza


que todos venía a ti, dame esa misma dulzura, ese tacto


que es tan difícil de tener cuando se esta sano.


Que yo sepa dominar mi nerviosismo para no agobiarle,


que sepa sacrificar una parte de mis ocupaciones


para acompañarles, si es su deseo.

Yo estoy lleno de vida, Señor, y te doy gracias por ello.


Pero haz que el sufrimiento de los demás me santifique,


formándome en la abnegación y en la caridad.


Amén

sábado, 13 de enero de 2018

Táctica del Adversario.








Jesús ha dicho en su Evangelio que quien persevere hasta el fin, se salvará. Pero para perseverar debemos tener un motor, un motivo, un objetivo a alcanzar, que nos encienda el deseo de alcanzarlo, para poder poner los medios necesarios para la perseverancia en el bien, en medio de todos los males externos e internos.

Y es aquí donde viene el Maligno, el Adversario, y de un zarpazo nos borra el objetivo, nos quiere hacer creer que no ganaremos el Cielo, que el Paraíso no es para nosotros, que el mal está triunfando en todas partes, que ya no hay nada que hacer, que está todo perdido...

¡Ay de nosotros si nos dejamos embaucar por esta astucia realmente diabólica! Porque entonces, al no tener la esperanza de alcanzar la felicidad, de que el amor venza el odio, de que el Bien venza al mal, entonces nos desanimamos, ¿y quién puede perseverar en estas condiciones?

Sepamos que la victoria no será del demonio, sino de Dios y de su Madre, porque el demonio ya está vencido, ya fue vencido por Cristo en la Cruz. No nos desanimemos al ver los coletazos del mal en el mundo, ni nos quedemos hipnotizados por sus aparentes prodigios y triunfos, porque es un vencido, es el gran Vencido, y Dios es el Vencedor eterno.

Así que renovemos nuestro ánimo maltrecho, y aumentemos nuestra esperanza y confianza en Dios y en su Madre, porque Ellos son y serán quienes venzan, y nosotros venceremos con Ellos.

Si no hacemos así, es lógico que nos desanimemos, y un ejército desanimado va a la derrota. Es necesario arengar a la tropa de los cristianos, y convencernos nosotros mismos de que el Corazón Inmaculado de María triunfará, como lo ha prometido la Virgen, y el Reino de Dios vendrá a la tierra, y nosotros, con nuestro buen obrar y nuestra oración, seremos quienes lo traeremos a este mundo.

Con este objetivo, que sabemos se cumplirá a su tiempo, avancemos confiados y con la luz de la esperanza en el corazón, perseverando cada día en el bien y la verdad, en la gracia de Dios.

Pensar en la eternidad.



Pensar en la eternidad es lo que ha hecho que muchos hombres y mujeres se retiraran a los desiertos a orar y hacer penitencia. Y si bien nosotros quizás no estemos llamados a esta vocación, nos vendrá muy bien pensar y meditar en la eternidad.
Porque esta vida terrena no lo es todo, sino que después de nuestra muerte comienza realmente lo que permanecerá para siempre, por los siglos de los siglos, mientras Dios sea Dios.
¡Y qué felicidad si alcanzamos el Paraíso! ¿Cuándo acabará? Nunca. ¿Cuánto durará? Siempre. Estas dos palabras: “nunca” y “siempre” tienen un significado que da vértigo al pensar que en el más allá, en la eternidad adquieren su valor.
Por eso es que Dios permite males en este mundo, y vemos desgracias y personas que sufren y que tienen hambre. Pues ¿qué importa una vida de padecimientos si al final, después de esta corta o larga vida, vendrá la dicha sin fin?
Y en cambio ¿para qué sirve una vida felizmente vivida, pero sin salud de alma, sin la gracia santificante, de modo que luego de nuestra muerte nos esperara una eternidad de horror en el infierno?
Ya lo ha dicho el Señor en el Evangelio que de nada le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final termina condenado para toda la eternidad.
Pero también debemos saber que si Dios permite el mal y que haya miseria y hambre, es para darnos una oportunidad a nosotros de ser misericordiosos y socorrer a los hermanos. Porque Dios nos pedirá cuenta del bien no realizado, ya que Dios permite que haya dolor para que nosotros ejerzamos la misericordia y hagamos el bien y nos santifiquemos. ¡Ay de nosotros si somos duros e indiferentes ante el dolor de los demás!
Pensemos frecuentemente en esta palabra: “eternidad”, y a la luz de ella veamos todas las cosas de este mundo, que es pasajero y que debemos vivirlo de tal modo que nuestra eternidad sea de luz y felicidad sin fin, y no de horror y sufrimiento sin límites.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Confiemos.





Confiemos en Dios. Confiemos en la Virgen. Porque si confiamos en Dios, Él hará maravillas por nosotros y por quienes amamos. Dios es todopoderoso, pero con nuestra poca confianza en Él, es como que le atamos las manos y así no puede hacer prácticamente nada por nosotros y por nuestras cosas.
¡Cuánto aprecia y valora el Señor, nuestra fe y confianza en Él!
Dios puede hacer cualquier cosa, porque como bien le dijo el Arcángel San Gabriel a la Santísima Virgen en la Anunciación: “Para Dios no hay nada imposible”. Entonces debemos tener siempre esto bien presente, esta verdad de que Dios todo lo puede. Pero para actuar en nuestras vidas, en las vidas de aquellos que amamos, y en el mundo entero, necesita de nuestra confianza.
Si confiamos en Dios entonces ya tenemos todo solucionado, porque en la medida de nuestra confianza, serán las gracias y favores celestiales que recibiremos.
Pero también veamos las cosas con la óptica de Dios, y no rechacemos las cruces que Dios nos envía, o que permite en nuestras vidas, puesto que los sufrimientos y padecimientos son fuentes de gracias y méritos, para alcanzar favores para nosotros, para los seres queridos, y para el mundo entero.
Los Santos sabían el gran valor que tiene el dolor, el sufrimiento, y a veces nosotros no sabemos apreciar esto, sino que queremos librarnos de todos los padecimientos. Sin embargo, ya nos ha dicho el Señor que para seguirle hay que renunciar a uno mismo, tomar la cruz de cada día y seguirlo.
Pidamos al Señor que nos alivie el sufrimiento para no caer bajo su peso, pero tengamos presente que Dios nos hace un gran don cuando nos regala alguna cruz. Así lo veían los santos, y así debemos también verlo nosotros.
Pero si confiamos en Dios, si confiamos realmente en Él, Dios hará grandes milagros para nosotros y viviremos felices porque estaremos convencidos de que Dios nos ama y hasta las mismas cruces son regalos amorosos del Padre eterno.
Y si somos débiles para sufrir, o para ver sufrir, entonces con ilimitada confianza, pidámosle al Señor y a su Madre, que nos libren de los dolores de alma, cuerpo y mente, y de todo lo que inquieta y perturba nuestra vida, y tengamos la seguridad de que Dios nos oirá y pondrá en movimiento su omnipotencia para socorrernos adecuadamente.

Datos personales

Mi foto


Soy una mujer argentina que agradece a Dios y la Virgen por todas las oportunidades que me presentan dia a dia para crecer y descubrirlos.
Tengo dos hijas maravillosas que son mi mayor bendición.
Internauta precoz, entusiasmada por conocer, aprender, desarrollar, y expandir.
Dicto cursos gratuitos on line sobre Angelología, Espiritualidad y Catolicismo. Talleres presenciales para desarrollar  la expresión oral escrita y artística.
Soy voluntaria de Caritas. Artesana, artista, creativa, diseño websites y evangelizadora.
Creo que el AMOR es la única fuerza capaz de cambiar el mundo.